«Nunca imaginé que conversar conmigo mismo fuera tan divertido» pensó, mientras le ajustaban la camisa de fuerza.
Se consoló pensando que por fin dejarían de aturdirlo con sus gritos: estaba todo listo para la terapia de shock.
Trató de salir, asfixiado por tanta gente que veía… pero sólo consiguió chocar con la pared de su celda acolchada.
«¡Puedo volar!» pensó, con genuina felicidad, mientras desde la calle seguían con horror el trayecto de su cuerpo.
Los había sufrido durante años, pero esta vez los celos eran suyos… pensando esto, se limpió toda la sangre.
Fabio escucha mis problemas, mis traumas, mis inquietudes, nadie me presta atención como él… ojalá fuera real.
@ConUnOjoSolo (Córdoba - Argentina)
